LOS PROCESOS FOTOGRÁFICOS.

La fotografía nació en los comienzos del siglo XIX, de la mano de Nicéphore Niepce, que fue el primer científico que consiguió tomar imágenes con una cámara oscura y mediante procesos químicos (las primeras hacia 1816, no fue hasta 1826 cuando consiguió fijarlas). Niepce se asoció con Louis Daguerre para continuar investigando, pero murió poco después. Es a Daguerre a quien se suele atribuir el honor de ser el padre de la fotografía, por desarrollar un sistema, el daguerrotipo, en el que el tiempo de exposición era lo suficientemente reducido como para poder generalizarse. Es por ello que, viendo las posibilidades, el gobierno francés compró la patente en 1839, poniendo este nuevo invento, fruto de la modernidad y de su tiempo, al alcance de todo el mundo. Al mismo tiempo, en otros lugares de Europa y Estados Unidos las investigaciones y experimentos condujeron a otros métodos, como el calotipo de Henry Fox Talbot. A partir de este momento, las investigaciones avanzaron enormemente, dando lugar a numerosos sistemas que permitiesen la fijación de imágenes con mayor calidad y rapidez.

En 1949, Gustave le Gray creó el procedimiento del colodión húmedo, partiendo de una sustancia química, el colodión, conocido también como algodón pólvora o piroxilinia, que se empleaba como explosivo y como cicatrizante (disuelto en éter alcoholizado), y mezclado con yoduro de plata se transformaba en un producto fotográfico. Con él, consiguió un procedimiento de fijación de imágenes sobre papel y sobre vidrio, aunque bastante precario. Dos años después, Frederic Scott Archer perfeccionaba el método, publicando incluso un Manual del procedimiento fotográfico al colodión. Este método debía realizarse muy rápidamente, antes de que el producto se evaporase, en una cámara oscura iluminada por luz amarilla o rosa, y permitía negativos de mayor calidad y nitidez, sin embargo, requería de un equipo pesado y voluminoso, que dificultaba enormemente obtener tomas en exteriores. Pese a ello, produjo una revolución en la práctica profesional de la fotografía, concediendo al medio la rapidez necesaria para que triunfase comercialmente, a un precio asequible por el gran público. Eliminó al daguerrotipo de los estudios, que se multiplicaron, y se convirtió en el método hegemónico hasta la década de 1870.

En 1874, el doctor Leach Maddox perfeccionó el procedimiento del gelatino-bromuro sobre planchas de cristal. Este proceso permitía trabajar con planchas secas, a la par que aceleraba la toma de imágenes, además, era posible obtener planchas listas para su uso y almacenarlas hasta el momento en que se necesitasen. Este mismo año, Peter Mawdslet fabricó papeles de positivado al gelatino-bromuro, que son los empleados hoy en día, y que, perfeccionados con plástico que impidiese la absorción de líquidos, supusieron un enorme paso hacia la fotografía instantánea. En 1878, Charles Harper Bennet consiguió unas placas más sensibles, que posibilitaban la toma en décimas de segundo, conservándolas a 32ºC durante varios días, lo que favorecía la maduración de la emulsión. En la década de 1880, el proceso del colodión húmedo cae en desuso, y el del gelatino-bromuro se generaliza, lo que supone el inicio de la fotografía moderna.

LA IMPRESIÓN FOTOGRÁFICA.

El primer sistema que se empleó para la impresión fotográfica fue ideado por W. H. F. Talbot, empleando papel salado, en una solución de sal marina común, sensibilizado con nitrato de plata. Una vez seco, se colocaba en una prensa bajo el negativo a la luz del día, quedando oscurecidas las zonas transparentes del cliché. Finalmente, se sumergían en un baño de fijación para darle estabilidad frente a la luz. Eran impresiones mates, aunque podía darse cierto brillo aplicando lustres adicionales al proceso de salado. En la década de 1840, esta técnica experimentó variaciones tonales si se incluía cloruro de oro, este método se abandonó muy pronto, pero se recuperó, por criterios estéticos, a finales de siglo.

En 1850, L.D. Blanquart-Evrard introdujo la impresión a la albúmina, o albuminotipo, una técnica que se popularizó enseguida, manteniéndose vigente durante el siglo XIX y hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1919. Está basado en los descubrimientos de Talbot con el papel a la sal, sin embargo, su superficie satinada hacía que la imagen quedase impregnada en las fibras de papel de manera más superficial. El procedimiento es similar, sin embargo, tiene una imporante diferencia con el papel salado. La albúmina produce una imagen estructurada en dos capas y una superficie brillante, y permite un contraste más acusado. Esta técnica permitía controlar el brillo, diluyendo la albúmina o añadiendo almidón.

A finales de siglo se produjeron comercialmente los aristotipos, emulsiones para imprimir, de dos tipos, bien de gelatina, bien de colodión, ambas de larga sensibilidad, proporcionan imágenes de grano muy fino. También posibilitaban la regulación del brillo. Fue un método que se popularizó a principios del XX, pero hacia 1920 cayó en desuso.

Desde 1880, el gelatino-bromuro comenzó a imponerse. Permitía que se pudiesen hacer impresiones ampliadas, regulaba el brillo, y conseguía mayor estabilidad de la imagen. Tenía tres tipos de soportes básicos, planchas de cristal para proyección, sustratos flexibles para negativos y sustratos de papel para positivos.

Paralelamente es inventada en 1873 por William Willis, la impresión al platino o platinotipia, muy apreciada por su enorme calidad, ya que permitía un gran alcance tonal. Una solución de óxido fénico y cloroplatino de sodio y exposición solar durante varios minutos generaba una imagen muy estable y con un amplio nivel de detallismo.

Otros procesos de menor relevancia, pero también muy utilizados, son la colotipia, el heliograbado, el proceso de medios tonos o la impresión estereoscópica. El primero destaca por permitir tiradas perfectas, reproduciendo los detalles y las tonalidades con extrema fidelidad. El segundo método es un derivado directo del grabado, se añade el componente químico a la esencia de la técnica gráfica. El proceso de medios tonos es la base sobre la que se desarrollaría después la impresión a color. La impresión estereoscópica es una impresión binocular, que crea un efecto tridimensional, al tomarse la misma imagen con dos cámaras desde puntos de vista diferentes, y montarse juntas en una misma tarjeta.

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