Anteayer salió la noticia en la prensa de una turista suiza que había sido detenida por rayar un corazón en una pared de la Alhambra, concretamente, en el Cuarto Dorado, frente a la entrada al Palacio de Comares. Pese a que el personal de seguridad le llamó la atención, la turista hizo caso omiso, por lo que se avisó a la policía, la mujer fue detenida y, al negarse a declarar, pasó la noche en el calabozo. Por la mañana, fue puesta en libertad con cargos, a la espera de valorar los daños y considerar si se tratan de una falta o de un delito contra el Patrimonio. El mes pasado, se dictó otra sentencia contra un suboficial del Ejército del Aire de Jordania por haber grabado con una moneda su nombre en el Palacio de Carlos V, dentro del mismo complejo monumental.

Cuarto Dorado, la estancia en la que se produjeron los daños.

Esto me viene muy bien para comentar algo que vi en ese mismo monumento, hace ya casi dos años. Y es que, en el mismo complejo monumental de la Alhambra, me topé con esto:

No tengo muy claro qué es peor, si el "Aquí estuBe yo" a lápiz, o el "burro" rayado de al lado.

Y esta es la vista desde la ventana de la sala en la que se encontraban las dos lindezas de la fotografía anterior, para tener una idea de su ubicación respecto al conjunto.

concretamente, en las dependencias privadas del sultán del palacio de Comares, en una zona de acceso restringido, cerrada al público general. Me resulta cuando menos curioso que en un espacio en el que se accede en grupos pequeños (el máximo, creo recordar, eran 25 personas) y bajo la supervisión de personal del monumento, sea posible realizar algo así.

Y es que, a ese respecto, tenemos un grave problema de educación y mentalización. En una sociedad de por sí bastante irrespetuosa, parece que poco importa respetar el patrimonio. Nos creemos, en muchas ocasiones, los dueños de todo, y con derecho a dejar nuestra huella en lo que nos rodea. Además, se ha creado una sensación (en muchas ocasiones, falsificada y artificial) que obliga a la visita de los monumentos que atraen turismo, y se crea un círculo: se escoge para ir de vacaciones un lugar turístico, como es el caso de Granada; que es turística principalmente por el complejo monumental de la Alhambra, sin embargo, no toda la gente que se plantea este viaje o esta visita tiene una preparación suficiente. No me refiero a nivel intelectual (y espero no estar pareciendo mucho más pedante de lo que, en realidad, pretendo decir), sino a que no se tiene una consciencia real de por qué se visita el monumento. En muchos casos, se visitan estos lugares turísticos por presión social, una especie de peregrinaje para conseguir la fotografía típica que atestigüe que “yo estuve allí”, aunque uno no sepa realmente qué le llevo a estar allí o por qué ese lugar es importante, trascendental o, simplemente, digno de ser visitado.

No deja de ser una actitud, por otro lado, muy humana, la de inscribir de alguna manera algo que haga sentir a la persona que queda ligada al monumento, aspirando, supongo, a compartir esa noción de eternidad que aquí tenemos de cara a los monumentos. Y esto, no nos engañemos, ha ocurrido siempre:

Belzoni, dejando para la posteridad su nombre en la cámara interna de la pirámide de Kefrén.

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