“‹‹Rinascimiento dell’Anchita››: El siglo XV” se dedica al cambio que se produjo en el Renacimiento. Si hasta ahora había hablado de los precedentes, o de cómo se preparaba el terreno para este momento, ahora es momento de ocuparse de lo que ocurre. Comenta similitudes y diferencias entre el fenómeno que se da en el Norte y el que se da en Italia. En primer lugar, distingue entre las artes que encabezaron el salto a la modernidad en uno y otro lugar; en segundo lugar, la intencionalidad de este cambio. Expone de nuevo qué es lo que cambia en cada una de las tres artes, como Brunelleschi alcanza un alto grado de comprensión de la arquitectura clásica hasta el punto de emplear el lenguaje clásico en obras nuevas de manera completamente autónoma; como Donatello imita las formas clásicas y el naturalismo, se mantiene, por así decir, a la sombra de la escultura antigua; y como en manos de Masaccio la pintura se vuelve una emulación de la naturaleza, y los elementos renacientes llegan a esta disciplina a través de las otras dos. Esto le permite encauzar su discurso hacia las formas de la pintura, que mantienen una evolución más lenta y un abandono más progresivo de las formas y resabios góticos. Retoma a continuación la escultura de Donatello, que, independientemente a su origen, influencias e intenciones, mantiene una esencia all’antica lo suficientemente notable como para que coexistieran con arquitecturas puramente clásicas como las que se desarrollaban a raíz de Brunelleschi; para compararla con la pintura, que sí resulta todavía en aspectos chirriante. Conforme avanza el Quattrocento, la pintura conoce su identidad clásica y se dirige hacia ella. Explica las teorías neoplatónicas como conciliadoras de la filosofía clásica con el cristianismo, como catalizador de todo el pensamiento del XV y XVI, y como principal punto de crítica desde la perspectiva actual. Las últimas reflexiones van dirigidas al hecho de que la fuerza con la que la Antigüedad influyó en el Quattrocento fue tal que es imposible analizar aisladamente esta influencia, y de cómo ésta llegó a ser tan grande que resultó incómoda. El siglo XV fue un siglo de absorción y de apropiación, hasta volver borrosas las ideas de restauración general y de préstamos fragmentarios. Concluye con las palabras de Giovanni Dondi, como plasmación primera del espíritu del Renacimiento, sobre la admiración de las producciones de la Antigüedad.

Por tanto es, en resumidas cuentas, un estudio realizado de manera muy rigurosa, que busca el estímulo y la reflexión más que la doctrina. Esto puede comprobarse en la humildad que Panofsky muestra en los momentos en los que da su opinión; así como en la extensísima bibliografía que se adjunta, en distintos idiomas y de distinto origen (libros, artículos, comentarios…), que también evidencian el vasto saber del autor. Acompaña un anexo fotográfico también extenso, acorde con la magnitud de la obra.

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