– Permitid -dijo Damon- que os pregunte, antes que nada, qué es lo que vos llamáis colorido.

– Es -respondió Pamphile- una de las partes de la pintura por la que el pintor sabe imitar el color de todos los objetos naturales y dar a los artificiales el que les es más conveniente para engañar a la vista.

– Y, ¿a qué llamáis color? -continuó Damon- […] os diré que el color es lo que hace los objetos sensibles a la vista. Ahora bien, como los pintores deben considerar dos tipos de objetos, el natural o aquel que es verdadero, y el artificial o aquel que está pintado, deben también considerar dos tipos de color, el natural y el artificial. El color natural es aquel que nos hace visibles todos los objetos que están en la naturaleza, y el artificial es una materia de la que se sirven los pintores para imitar estos mismos objetos. Es en este sentido que se pueden llamar artificiales los colores que están sobre la paleta del pintor, por cuanto no es más que por el artificio de su mezcla que se puede imitar el color de los objetos naturales. El pintor debe tener un perfecto conocimiento de estos dos tipos de color, del natural a fin de que sepa lo que debe imitar, y del artificial para hacer con él una composición y un tinte capaz de representar perfectamente el color natural. Es preciso que el pintor sepa también que en el color natural está el verdadero color del objeto, el color reflejado y el color de la luz; y entre los artificiales, debe conocer los que juntos tienen amistad, por así decirlo, y los que se tienen antipatía […]

– Ya que estamos con las obras de claroscuro -interrumpió Damon-, decidme, os lo ruego, ¿en qué parte de la pintura está comprendido el estudio de las luces y de las sombras?

– En el colorido -respondió Pamphile, ya que en la naturaleza la luz y el color son tan absolutamente inseparables que en todas las partes donde hay luz hay color, y que donde encontréis color encontraréis también la luz. Así, el colorido comprende dos cosas: el color local y el claroscuro. El color local es el que es natural en cada objeto y que el pintor debe hacer valer por comparación, y este artificio incluye el conocimiento de la naturaleza de los colores, es decir, de sus uniones y de su antipatía. El claroscuro es el arte de distribuir convenientemente las luces y las sombras, no solo en los objetos particulares, sino también en el cuadro en general.

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