– Voy surcando el mar azul
en un barco de prestado
y aunque no lo creas tú,
soy un hombre muy honrado…
– Pobrecita Buttercup, oh pobre Buttercup, 
yo nunca supe por qué…
– ¡Y nunca, no nunca, jamás
me he mareado en alta mar!
– Hoy mismo lo ha declarado
con modales muy educados,
que es un ciudadano inglés,
¡que es un ciudadano inglés!

Los Simpson, en sus buenos tiempos (otro día hablaremos de eso), fueron un exponente sensacional de la cultura norteamericana, más allá de su sutil crítica social, y buena prueba de ello es la cantidad de iconos culturales que han pasado por sus más de quinientos episodios. Sin ir más lejos, el vídeo que abre esta entrada pertenece al célebre capítulo en el que se homenajea a la película El cabo del miedo, a su vez, remake de El cabo del terror (pese a que existe distinción en español, en inglés ambas se titulan Cape Fear, de ahí el título de la versión amarilla, Cape Feare). Pero es frecuente que, incluso en estos capítulos que son en sí mismos una referencia, se incluyan numerosas citas y guiños más complejos de averiguar, o simplemente de reconocer, dado que pertenecen al imaginario colectivo anglosajón.

Tal es el caso que nos ocupa, que no es ni más ni menos que la propia ópera que canta el actor secundario Bob, y que también ha sido empleada en aquella serie de dibujos quizás aquí un tanto infravalorada, Animaniacs.

Se trata de H.M.S. Pinafore, también conocida como La muchacha que amó a un marino, ópera cómica en dos actos que supuso el primer éxito del tándem Gilbert y Sullivan, formado por el letrista W.S. Gilbert y el compositor Arthur Sullivan (dicho sea de paso, en un capítulo bastante reciente de Los Simpson, un error de traducción convierte a Gilbert Y Sullivan en Gilbert O’Sullivan, que tiene bastante poco que ver).

Esta ópera cuenta (como su descriptivo título indica) el romance entre una muchacha, de noble cuna, hija de un capitán de navío, enamorada de un simple marinero, mientras su padre trata de casarla con alguien acorde a su posición, en un tono satírico y burlesco que arremete contra la propia Marina Británica, así como a las clases altas y poderosas (como suele ser habitual en este tipo de géneros), ya desde su mismo título (pinafore es el nombre de una prenda de vestir femenina, similar a un peto o pichi, muy popular en la moda del siglo XIX). Siendo su cuarto trabajo en común, suponía en cierta medida una continuación de los temas de la obra precedente, The Sorcerer.

Gilbert y Sullivan comenzaron a trabajar juntos en 1871, gracias al productor Richard D’Oyly Carte, que no solo les unió, sino que incluso levantó un teatro para sus obras, en el West End londinense, el famoso Teatro Savoy, que acogería todas sus producciones, así como las de otros autores, siempre de este mismo género cómico victoriano, hasta tal punto que fueron conocidas como “óperas Savoy”. Sin embargo, pronto muchas caerían en el olvido, quedando el concepto de “ópera Savoy” prácticamente como sinónimo de “Gilbert y Sullivan”.

A H.M.S. Pinafore siguió The Pirates of Penzance, en 1879. Tras el gran éxito que había supuesto la primera en 1878, The Pirates of Penzance fue la única que el dúo estrenó simultáneamente en Nueva York y Londres, para evitar que en Estados Unidos se estrenase alguna mala copia (como ya ocurrió con Pinafore) que les impidiese rentabilizar la producción. En este caso, se cuenta una rocambolesca historia de un muchacho que acaba de terminar su formación como aprendiz de pirata, y se enamora, de nuevo de la hija de un importante personaje. Sin embargo, la traba a su amor esta vez no será la diferencia de clases, sino más bien  un pequeño tecnicismo en su contrato de aprendiz: debe permanecer con los piratas hasta su vigésimo primer cumpleaños. ¿Cuál es el problema, entonces? Que el muchacho descubre que nació un 29 de febrero, y debe quedarse con los piratas durante 63 años más. Hay que destacar que esta obra tuvo dos adaptaciones cinematográficas: The Pirate Movie (1982) y The Pirates of Penzance (1983), la primera nominada a varios Razzies, la segunda, protagonizada por Kevin Kline y Angela Lansbury y nominada a un Globo de Oro (y misteriosamente desaparecida prácticamente de todo internet, supe que existía por una feliz casualidad, y la localicé milagrosamente, ahora puedo decir que la tengo, pero sin subtítulos).

Muy destacada también es The Mikado, de 1885, una obra ambientada en el exótico Japón, en un momento en el que desde Occidente se estaba descubriendo el arte y la cultura nipona. Esta es, posiblemente, la primera ópera inscribible dentro del japonismo que caracterizó en gran medida las artes del último cuarto del siglo XIX; casi quince años antes que la archiconocida y celebérrima Madama Butterfly, y dos años antes de la novela de Pierre Lotti que sirvió de base a Puccini. Les dejo aquí una pequeña joya, una adaptación de esta ópera con el inefable Eric Iddle.

Después del Mikado, comenzaron las desavenencias entre ambos, algo que era de esperar por sus personalidades tan opuestas. En cualquier caso, en 1887, Sullivan pidió deshacer la colaboración, lo cual evidencia el malestar existente, aunque todavía continuarían trabajando juntos hasta 1896, momento en el que, tras el fracaso de The Grand Duke, se disolvieron completamente. Sullivan murió cuatro años después, en 1900, marcando quizás, simbólicamente, el final de una era.

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