Así la Idea constituye la perfección de la belleza natural, y une lo verdadero a lo verosímil de las cosas visibles, siempre aspirando a lo óptimo y a lo maravilloso, por lo que no sólo emula sino que supera a la naturaleza, mostrándonos sus obras elegantes y acabadas, cuando la naturaleza no acostumbra a presentarse perfecta en todas sus partes. Este valor lo confirma Proclo en el Timeo diciendo que si tomas un hombre hecho por la naturaleza y otro hombre formado por el arte estatuario, el natural será menos bello porque el arte opera con más esmero. Pero Zeuxis, que con la elección de cinco vírgenes formó la imagen de Elena, tan famosa al ser puesta por Cicerón como ejemplo en el Orador, enseña a la vez al pintor y al escultor a contemplar la Idea de las mejores formas naturales, a hacer elección en varios cuerpos de lo más elegante. Pues él no pensó poder encontrar en un solo cuerpo todas las perfecciones que buscaba para la belleza de Elena, ya que la naturaleza no hace nada perfecto en todas sus partes: «Neque enim putavit omnia quae quaeret ad venustatem uno in corpore se reperire posse, ideo quod nihil simplici in genere omnibus ex partibus natura expolivit». (1)

Quiere Máximo Tirio que la imagen de los pintores sacada así de diversos cuerpos origine una belleza que no se encuentra en ningún cuerpo natural y que se acerca a las bellas estatuas. Esto mismo aceptaba Parrasio de Sócrates, que el pintor que se propone en cada forma la belleza natural debe tomar de diversos cuerpos lo que cada uno de ellos tiene más perfecto, pues es difícil encontrar uno perfecto. La naturaleza por esta razón es tan inferior al arte, que los artífices copiadores y completamente imitadores de los cuerpos, sin selección ni elección de la idea fueron censurados. Demetrio fue acusado de ser demasiado natural, Dionisio fue criticado por haber pintado a los hombres semejantes a nosotros y era comúnmente llamado “antropographos”, es decir, pintor de hombres. Pausone y Pirreico fueron condenados sobre todo por haber imitado a los peores y a los más viles, como en nuestros tiempos Michelangelo da Caravaggio fue demasiado natural, pues pintó a los hombres iguales y Bamboccio a los peores. Reprochaba Lisipo a los escultores vulgares que hacían los hombres como se encuentran en la naturaleza, y él se gloriaba de formarlos como debían ser, según el único precepto dado por Aristóteles tanto a los poetas como a los pintores. En cambio este error no fue imputado a Fidias, el cual maravilló a los observadores con la forma de los héroes y los dioses pues imitó más bien la Idea que la naturaleza.

(1): Cicerón, De Inventione, II, I, 3: “y no creyó que todas las cualidades que buscaba para formar una belleza ideal pudieran ser encontradas en una sola persona, pues la naturaleza nunca hace un ser perfecto y acabado en todas sus partes”.

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