ESMALTERÍA ARAGONESA. ESMALTES PINTADOS (III).

Se ha discutido sobre quién importó la técnica del esmalte pintado en Aragón, no creo que haya lugar a grandes dudas:

Un pintor llamado Miguel de Reus pintó los esmaltes para una cruz de la iglesia de San Pablo de Zaragoza en 1561, aunque este nombre es catalán no podemos deducir de ello que la técnica del esmalte pintado haya sido importada de Cataluña; por otra parte, desde tiempos muy antiguos hubo hidalgos aragoneses que llevaron el apellido Reus. Pero sobre todo es más sencillo imaginar que los pintores que ejecutaron los esmaltes aragoneses conocieron las obras de los maestros esmaltistas de Limoges, cosa fácil de comprobar, pues en Aragón abundan los esmaltes lemosinos importados, además en aquella misma época, ejemplo de ello es el tríptico conservado en La Seo de Zaragoza (del que nos hemos ocupado antes) y del que se puede asegurar que ya en el siglo XVI se encontraba en España, pues así lo atestigua su marco (que desdice bastante de la obra), netamente español y que pertenece a dicho siglo.

Aparte de la influencia que dichas obras pudiesen ejercer, también hubo de ser mucha la que produjese el contacto con los franceses, pues francés era La Maison, autor de la custodia de La Seo en Zaragoza, francés era Gabriel Joli, autor de la escultura central del retablo mayor de la iglesia de San Miguel de los Navarros de la misma ciudad y franceses eran otros muchos artistas residentes en Zaragoza; además está comprobado que vinieron y aun trabajaron en Aragón varios orfebres y esmaltistas franceses, y sobre todo la proximidad del Sur de Francia con Aragón, que hace todavía más difícil el precisar la paternidad de los esmaltes, pues existen algunos que son al parecer franceses y sin embargo hay razones especiales que han hecho se atribuyesen a talleres aragoneses. De todas formas, un detalle que en general puede servir para su distinción, es el mayor número de esmaltes franceses en el Norte de Aragón que en el Sur, sin duda por su mayor proximidad con Francia; en cambio en el Bajo Aragón es donde estuvieron localizados los talleres que trabajaron el esmaltes. Las relaciones que sostenía Aragón con Italia también harían seguramente que aquel arte influyese algo en el nuestro. A mi juicio, se puede tener el arte del esmalte en Aragón como un producto natural que necesariamente había de surgir y desarrollarse, y esto con la originalidad que es posible en dicho arte y en tal época, no como dicípulos de italianos y franceses, sino como verdaderos maestros que tenían las mismas razones para subsistir que los esmaltistas de dichos países.

Dos fueron los centros más importantes (si es que hubo más) de donde salieron esmaltes pintados en Aragón: Zaragoza y Daroca. Más bellas y perfectas las obras del primero, más abundantes y características las del segundo.

Hasta aquí la segunda parte (finalmente serán tres) del texto de don Federico Torralba. Vuelvo a insistir en que si alguien quisiera o necesitase el resto, haría lo posible por conseguirlo.

Anuncios